jueves, 1 de septiembre de 2022

Clark Olofsson y la madre de Whistler

   La primera vez que mis pies abandonaron el camino amarillo para abrirse paso hacia la vida familiar en la... (piensa), apasible localidad rural en donde paso mis sacrosantos días, no pude por menos que sentirme maravillado por la belleza de su entorno tamizado de verdes campos y árboles tan altos como torres de castillo, una visión idílica enmarcada por la majestuosa y blanca montaña de la cual hace alusión nuestro exorcisado himno patrio.
    Pero cuan inyección de penicilina con benzatina, conforme entraba en sus venas me fue permitido leer entre líneas y descubrir su reducida gama de colores, a nadie debería sorprender el hecho innegable de que en éste rincón de la galaxia los latifundistas tengan el sartén por el mango, abundantes en ésta embriagadora viña del todo poderoso son los terratenientes amantes lujuriosos de la derecha nefasta que emulando a la gangrena más letal, cercenan con eficaces cierras eléctricas cada miembro de éste cuerpo decadente llamado Chile, Munrra tendrá que conservar sus derruidos vendajes.  Y es que ésta raza tan especial de reptilianos republicanos "bien nacidos" se vanagloria en lo más profundo de su particular existencia de ser los Avengers de la patria en cada miserable ocasión que amárgamente para quién escribe se le presente, ya sea en aberrantes caravanas de respaldo político, así como en el más cándido acto cívico, todo ello condimentado y sasonado por su edil superstar, y metrosexual de las octogenarias que ante la sola visión de tan apolínea deidad griega se derriten cuan colegialas ante el dudoso ídolo del momento, un acérrimo derechista que como digno representante del famélico football nacional no dudó una micronésima de segundo en construir un tan necesario y vital estadio para que el pueblo siga vitoreando su nombre como barracos en matadero, solo semejante a la hilarante eleccíón del ex-edil chillanejo, y antiguo presidente de uno más de  los tantos clubes deportivos que germinan por la zona, por todas las razones colaterales erradas que poco y nada tienen que ver con el apropiado manejo de una comuna.  
    Pero la situación se torna realmente surrealista cuando los colores políticos y la inconsciencia social son trasplantados desde el organismo de las élites hacia los soldados razos, carnes de cañón y nunca bien ponderados siervos de la gleba (sírvase leer la estructura social de la edad media), cuando los más humildes de nuestra tierra hacen causa común alineándose con las mismísimas sabandijas que se atiborran obsénamente de su desesperación, de su desconexión de la realidad y de todo sentido común, y de su afición por la cultura de la basura, cuando los temporeros y temporeras (porque no existe tal necedad como "temporeres"), de nuestros campos, aquellos que llevan toda una vida lamentando iniquidades laborales, eligen hacer oidos sordos a los cambios político-sociales que pretenden alejar los grises nubarrones que amenazan sus afiebradas cabezas, dando crédito inexplicablemente una vez más a sus captores, como algún extraño síndrome de Estocolmo criollo (lectura sugerida: biografía de Clark Olofsson), cuando el ciudadano de a pie es susceptible a hipnosis mediante una pintoresca marcha de huasos hacendados que con el puño en alto van pregonando a quién esté dispuesto a escucharlos que toda "tradicion" es futuro objeto de la guillotina del  marxismo, y que el verdadero chileno no está dispuesto a tolerarlo, como si el verdadero chileno viviera en grandes haciendas con cinco "chinas" a su ciega y eterna disposición, pero como a usted, querido lector, tan certeramente lo han aleccionado y adoctrinado, nunca educado,  desde su más tierna infancia a reconocer la figura del huaso chileno bajo una falsa estampa de elegancia vestida de gala, el mismo que disfraza el maltrato animal de gallardo deporte, y que va fustigando con el látigo de la displicencia, lo mastica, lo saboréa y finalmente lo engulle con agrado como una pildora de cianuro que solo le deja en el inconsciente el dulce sabor de las almendras, aplaudiendo con un ¡viva chile mierda! la osadía de los bastardos sin gloria. 
    Asi que no existe lugar a simpatías ni empatías para con usted, porque mientras derrama su amargo llanto por sobre cada una de las canalladas de las cuales reclama ser víctima por parte de patrones y empresariados, muchas veces liderados por extranjeros sin ningún tipo de escrúpulos, por la retaguardia abraza y ampara una constitución oligarca y corrupta que arrojó más poder del debidamente permitidido a los engendros, que al igual que  en la más enfermiza de las relaciones amorosas los abusa, y los golpea en lo más fragil de su dignidad para más tarde entre falsas caricias elevarlos con dulces promesas, porque al momento de ser retados a darle la espalda a las televisoras nacionales manejadas por dementores y mortífagos, a perseguir la información e ir mas allá del agujero en el árbol, a experimentar el intenso poder de la palabra escrita, usted se inclina a golpear el polvo y tomar la tristemente transitada senda hacia lo más profundo del bosque negro, posando sus flojas posaderas en una silla coja para seguir lo más de cerca posible el interesante matinal del mega como si de la taciturna madre de Whistler se tratara, porque opta por digerir borazmente el último festival ranchero montado por "la ilustre municipalidad" para su deleite cultural, porque se entrega en cuerpo y alma al malevolgue infesto de la iniquidad del reggaeton, el perfecto asesino nada silencioso de las nuevas generaciones.
    Si precisa revelar a los verdaderos culpables tras ésta aciaga y sórdida historia, tal vez solo baste con voltear suavemente hacia el primer espejo que penda del muro... Que continúen los juegos del hambre, y que la suerte  esté siempre a su favor.

                                    (La madre de Whistler)


    
    


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